Monday, November 02, 2009

Los misterios del Barrio Bellavista

Las luces, la música, la muchedumbre invaden las calles de Bellavista, hasta hace unos años bello y tranquilo barrio habitacional, de grandes y hermosas casas y mansiones, de cites y pequeños condominios del 1900. Hoy humedecido en alcohol, aromatizado en yerba, ante las pisadas y la danza de los concurrentes, de bares, restaurantes, pubs y discotecas; crujen sus raíces, bajo el asfalto que cubre el empedrado que hermoseaba sus antiguas y bellas calzadas.

Cuando disminuye el ruido y avanzada la noche, el barrio se invade de misterio, las luces se atenúan y se cubre de penumbra el cielo al alcanzar el alba. A esa hora, algunas veces, se escucha el sonido de las ruedas de un carretón desplazando por el camino de piedras, en dirección a Dardignac con Mallinckrodt, al fondo se siente voces de niños jugando y durante el trayecto, a lo lejos, lamentos y ladridos furiosos. Cuando esto ocurre se dice que alguien desparecerá.

Entre las historias del barrio esta la de las monjas de un Colegio del Barrio. Dicen que allí, durante décadas, para ocultar el problema, practicaban abortos y sepultaban los fetos entre los ladrillos de las murallas del subterráneo.

Benjamín Emilio Roberto Haebig Torrealba conocido como “el asesino de Dardignac 81", asesinó en 1959 a un anticuario y, por la misma fecha, a un homosexual que trabajaba como mozo para Haebig y que desapareció al igual que la primera de sus víctimas. Cuentan que enterraba a sus victimas en el patio

Por los años 60 se instaló a vivir en la calle Dardignac con Constitución, el “atorrante Lara”, ocupando de vivienda un carretón. Compartía con los niños del barrio, parecía educado y de vez en cuando vivía con algún homosexual en su carretón. Un día fue encontrado muerto, sobre el carretón, con los ojos abiertos, sin signos de violencia, con el rostro cubierto de pavor. Vecinos aseguran que algunas noches, vuelven a escuchar las ruedas del carretón sobre el empedrado.

Un pequeño perro de mucho pelo blanco como la nieve, vivía cuidando una casa en Dardignac, normalmente asomaba por la ventana del segundo piso de la casa; de allí ladraba hacia fuera. Lo cierto es que la casa estaba plagada de ratas y ratones, como todo el barrio, y el perro se dedicaba a cazarlos y se los comía. Una vez, estando el perro asomado en el segundo piso, una señora se detuvo a mandarle cariños con las manos y besitos, el perro le ladraba, la señora le decía “perrito, perrito lindo, ¿que te pasa?”, el perro inesperadamente saltó al vacío y cayo sobre la señora, a quien mordió de manera horrorosa, con tal furia que si no intervienen unos trabajadores que merodeaban, la mata.

Este episodio, y por el miedo que produjo en los vecinos, obligo a sus dueños a tomar la decisión de sacrificar al animal, pues al alimentarse de ratas se había convertido en un perro-monstruo, hinchado, con los ojos rojos y desorbitados. Para este propósito, se encomendaron dos, quienes entraron a la casa premunidos de palos, un saco y cuerdas; cuando se acerco el perro lo agarraron y metieron al saco, el que amarraron y marcharon en dirección al cerro San Cristóbal, una vez allí, subieron hasta la mitad, donde encontraron un árbol y lo colgaron; se aseguraron que el perro blanco estuviera muerto y se alejaron en dirección a la casa de Dardignac. Cuando abrieron la puerta casi mueren de espanto, ahí estaba el perro de pelaje blanco, dueño del pasillo, con los colmillos fuera, los ojos rojos y desorbitados pronto a atacarlos; en rápido reflejo de uno de los encomendados cerro la puerta, dejando al perro adentro. Volvieron cuatro a los dos días, con cuerdas, palos y saco; entre todos y apaleando al perro lograron reducirlo y meter dentro del saco, al que amarraron; fueron nuevamente al cerro, pero esta vez lo aplastaron con rocas, hasta que se sintieron seguros que estaba muerto. Desde entonces, se piensa que el perro-monstruo volvió a la casa; aunque nadie lo ha visto sí se escuchan sus ladridos y se le siente correr.

Para cuando el gobierno de Salvador Allende, corrían otros aires y se avecindó en Dardignac un grupo que cultivaba la Paz y Tranquilidad, ocuparon una casa de tres pisos en comunidad. Allí el año 1972 nació un bebé por parto natural; como símbolo de Amor a la Naturaleza y a la Vida, con cariño sus padres enterraron la placenta en el patio de la casa; increíblemente en el lugar en que se encontraba guardada, brotó un arbolito, el que creció y creció; con los años sobrepasó de altura la casa. Hoy, el árbol-placenta sobresale sobre los techos del barrio y en algunas noches se puede ver sobre su copa algo que brilla, como una estrella. Se comenta que las raíces del árbol-placenta recorren todo el barrio, bajo el empedrado.

El árbol-placenta sobrevivió los años de toque de queda, devolviendo la luz al sector, el que se llenó de alegría y fiesta; la juventud poco a poco tomó posesión de sus calles y dio forma y vida, con actores, músicos y poetas, al mentado Bellavista. Y los artistas tuvieron su sueño, ya no las peñas, sino conciertos y presentaciones en vivo de grandes artistas populares. Fue un barrio de libertad. Su fama trascendió las fronteras y se lleno de visitantes, nacionales y extranjeros. Sobre el asfalto sobre el empedrado sobre las raíces del árbol-placenta, brotaron restaurantes, bares, pubs y salas de teatro. Algunos notaron, que en las noches, cuando sobre la copa del árbol más alto brillaba una estrella, el piso crujía.

Dardignac, sin embargo, ha tenido transformación más lenta. En esta calle, cuando disminuye el ruido y avanzada la noche, vuelve el misterio, las luces se atenúan y se cubre de penumbra el cielo al alcanzar el alba. A esa hora, algunas veces, se escucha el sonido de las ruedas de un carretón sobre el empedrado; al fondo, en Mallinckrodt se siente voces de niños jugando; al otro lado, después de PioNono, a lo lejos, se escuchan los lamentos enterrados de una pareja; desde la esquina con Constitución, ladridos furiosos, un perro blanco de ojos rojos, saltando de un segundo piso, arrastrando un cuerpo hacia la oscuridad de un pasillo, al interior de la casa.

De pronto, avanzada la noche al alcanzar el alba, alguien desaparece en el hermoso Barrio Bellavista.

Toma por mi

Querido compadre,

¿Como están tus diez días sin tomar? ¿Te acuerdas que ayer, para el día del amor, me dijiste que no podías tomar?

Te cuento que para celebrar el día del amor, salimos con mi señora a comer al restaurante italiano de Juan, un amigo peruano. Estuvo excelente, fíjate que había un mozo muy simpático que de repente, contaba anécdotas a los comensales, estaba también una pareja un poco extraña, porque él era invisible, ella le leía poemas y le conversaba, después el la saco a bailar y ahí cache que era alto, aunque no lo veía, en todo caso el garzón (como lo llamaba ella) si lo veía porque en un momento se sentó a conversar con el hombre. Lo pasamos muy bien, quizás uno de los mejores días del amor.

La cena era excelente y claro, nos tomamos un pisco sour, dos copas de vino tinto exquisito y de bajativo un araucano. Por supuesto me acorde que me pediste que tomara por ti, así que fue un pisco sour mas, dos copas de vino mas y un araucano mas. Todo estaba del uno ¿o del dos?

La noche era joven, así que pedimos un trago largo, mi señora una caipiriña y yo una piscola. Entonces también pediste una piscola, hasta ahí todo bien, pero mi señora puso cara enojada cuando pediste tu segunda piscola, sin que yo terminara todavía la mía. Todo se funó cuando, con una risita, pediste un whisky, tratando de explicar que te hacia bien pa la guata. Ahí mi señora quería puro irse.

Creo que fue un error pedirle un taxi, para que la llevara a casa sola. Claro, porque una vez solos, te sentiste libre y te reías diciéndome que fuéramos a un bar a escuchar música. ¿Que música?, nada, yo me mantuve con una piscola, mientras tu pedias y pedias copete y conversabas y te reías, tanto que llamábamos la atención, pienso que tal vez interrumpíamos al artista. Nos fuimos de ese bar, (¿o nos echaron?), y no sé qué te dio, pero te pusiste a dirigir el transito en pio-nono, no te podía convencer de irnos, así que tuve que invitarte a tomar unos bajativos a Plaza Italia y a comer unos sanguches. Nada, fue peor, porque en una de tus idas al baño, encontraste a unos compadres que te ofrecieron jalar, que jalar, aspiraste todo el papel y no les dejaste nada. Ahí creo que la cosa se puso fea, nos fuimos, para terminar tomando un caldito, pero no, tú querías mas todavía, sobre el caldo, pediste una de pisco. Creo que todo termino cuando nadie nos entendía lo que queríamos decir, porque tú te ponías a hablar al mismo tiempo que yo, era ridículo: "Me eelll baajativoo sirve un cafe de la caasss."... a la calle, entonces.

Ahí, nuevamente interrumpiendo, ahora al caminar, tú querías ir para un lado y yo quería ir para el otro, trataba de seguirte y me hacías tropezones. Realmente estabas insoportable. Trataba de tomar un taxi y al levantar el dedo, creías que te estaba diciendo que atravesaras la calle y te ponías a caminar pal medio, trataba de frenarte, pero era peor, con eso nos caímos dos veces.

No recuerdo cuando llegamos a la casa, pero al despertar ya no estabas. En cambio no me podía la cabeza. Como pude me levante, vague por la casa y me di cuenta que estaba solo; sobre la mesa encontré una nota de mi señora: "Vuelvo a la noche, espero que para entonces ya no estés"... Pensándolo bien, creo que no podía esperar menos.

Bueno, compadre, el asunto es que llego donde Ud. mañana a las 7:00 am, en TurBus, que sale a las 22:30 del terminal Santiago. Necesito que me espere porque voy con harto equipaje.

Compadrito, ¿cuando me invita a tomar por Ud. de nuevo?

La preciosa jovencita

Y ahi esta la preciosa jovencita,
al darme cuenta la miro,
¡le hago señas al tiro!;
no me infla, se sabe bonita,

La busco agitando mis manos,
golpeo la ventana dando un ruido fuerte,
no me mira y la observo sonriente,
ella se da cuenta, pero que voltee es en vano.

El bus comienza a avanzar.
Instalada en el paradero,
¡golpeo la ventana con el monedero!,
pero no consigo su atención prestar.

No da vuelta la cabeza,
a pesar que se ha puesto colorada.
El bus avanza quedando alejada,
de a poco pierdo su belleza.

La preciosa jovencita,
en la esquina, con su desplante intacto, sin mirarme siquiera,
con su bolso encima y mas atras el disco compacto que hace poco se le cayo en la acera.

Saturday, October 31, 2009

Los enanitos

Yo no creo en estas cuestiones automáticas, pienso que hay unos enanitos, de esos mismos que estaban en las radios, y que se ponen a jugar, pisando y soltando los cables.

Yo recuerdo, que cuando chico, estos enanitos andaban en un camión de bomberos que yo tenía. Un día lo desarmé para verlos y se arrancaron. Después los trataba de buscar en las radios, desarme un montón, pero solo logré ver sus ciudades vacías.

Tuesday, October 27, 2009

Cambio de signo

Así es. Lo que es positivo, cambia de signo y se vuelve negativo,
al revés, no importa el motivo, lo que es indigno, también es relativo.

Como ves, es algo impositivo, así que me resigno, desde ahora trataré de ser asertivo,
para que mes a mes, las personas que vivo, mantengan su ritmo, según les escribo.

A mi vieja, le toco una vez, su cambio de signo, pero resistió, luchó contra el espanto.
Fue con grito, muy cerca de la oreja, fue en su vejez, ni siquiera se persigno, ni bolas le dio,
Ella fue todo un encanto.

Y no deja de ser un revés, para este maligno, que ni siquiera logró, robarle un llanto.
Suena a mito, lo que hizo La Coneja. Con inminente invalidez, se mantuvo Sagitario, cual era su signo, y muy digna lo vivió, hasta que en el sueño se fue de esta vida con un canto.

A otro ser, le intento lo mismo, tanto que lo abrieron y lo cerraron, mas con quimioterapia le dieron solución,
Tuvimos que ver cuán grande fue el abismo, resistió como lo trataron pero siguió siendo Escorpión.

Carlos Jara
PD. También intentó mi cambio de signo, sin embargo sigo siendo Piscis. Lo pueden corroborar aquí, en mi cara.